viernes, 19 de diciembre de 2014

El Regimiento Irlanda en la Guerra de Independencia española


Aprovechando que iba a pintar  unas figuras de el Rgto.Irlanda, estuve curioseando por la red y encontré este interesante articulo sobre la presencia irlandesa en la Milicia Española en la Revista Internacional de Historia Militar, dedicado a la actuación de el Rgto. Irlanda en la Guerra de Independencia, escrito por Hugo O'Donell y Duque de Estrada:

"Al comenzar el siglo XIX, el Irlanda forma parte del cuerpo de bloqueo de Gibraltar situado en Málaga, mientras que los dos primeros batallones del Hibernia están en Cádiz, sumándoseles el III Batallón, desde Ayamonte, también con motivo de la amenaza inglesa. En prevención de esta misma amenaza, el Ultonia tiene su I Batallón en Tenerife, donde se sigue temiendo un ataque inglés como el de Nelson de 1797.
Con motivo de la invasión de Portugal, en el verano de 1801, los dos primeros batallones del Hibernia se integran en la División de Castilla, y el Ultonia aporta el II Batallón que se acantona en Vigo y el III en la frontera portuguesa, para regresar todos a sus nuevas bases gallegas, uniéndose a ellos el II Batallón del Hibernia que continuaba en Cádiz. Al producirse la revuelta por el intento de cambio de la aduana de Bilbao, que se conoce como la «Zamacolada», en 1804, el I Batallón del Hibernia y el I Batallón del Ultonia son enviados a Vizcaya a reprimirla. En 1806, todo el Ultonia está en Cataluña y el Hibernia en Galicia y Vizcaya, mientras que el Irlanda guarnece Cádiz y diversos puntos fortificados de esa costa, para pasar al año siguiente a Extremadura y participar en la prevista nueva invasión de Portugal.



Durante la guerra de la Independencia (1808-1814) los regimientos irlandeses combatieron en distintos teatros de operaciones, separados sus propios batallones e integrados en divisiones poco duraderas, al mando de brigadieres, mariscales de campo, e incluso algún marino, como los jefes de escuadra Jado Cagigal y Juan José Hernández, no siempre impuestas por las circunstancias y en constante danza. El Irlanda llegó a tener nada menos que catorce jefes operativos diferentes, repitiendo algunos: Reding, Lapeña, Venegas, Sardeny, Trías, Manglano, Conde, Copons, Latorre, Zayas, príncipe de Anglona, Cruz Mourgeon, Virués y Barutell. El Hibernia colaboró con Acevedo, Carvajal, Jado, conde de Belveder, Imaz, La Carrera, García, Virués y España. El Ultonia tuvo por mandos en las consecutivas defensas de Gerona a Bolívar y a Álvarez de Castro, y en campaña al conde de Caldagués, Álvarez de Castro, O’Donnell, marqués de Campoverde, Sarsfield y Fleires.
Estas reestructuraciones sucesivas obrarían en contra de la efectividad de estas fuerzas que solo en el teatro de operaciones catalán muestran una intención de mando algo más continuado y de empleo colectivo más eficaz.
Como ya se ha indicado, su condición de infantería de línea veterana será determinante en la formación de nuevas unidades del ejército en que este tiempo fue pródigo. El Ejército asturiano, el de Galicia y el del Principado de Cataluña aprovecharon sus componentes para la instrucción de los reclutas y sus propias estructuras para la creación de nuevos cuerpos. Si, como ya hemos señalado, una característica anterior de estas unidades había sido la de una disminución acelerada del elemento irlandés nativo, este proceso se incrementa por la enorme sangría, las deserciones, las enfermedades y la rendición en grupo. Como unidades teóricamente «veteranas», las irlandesas fueron escogidas en múltiples ocasiones para la vanguardia en la ofensiva y para cubrir las retiradas generales, con el consecuente desgaste. Tampoco fueron ajenas a este las epidemias ocasionadas por la guerra, cebándose el tifus con el Irlanda, en Cuenca a finales de 1808, y el cólera en Cádiz al año siguiente.
Sin embargo, lo que más afectó a la viabilidad de los regimientos fueron las rendiciones masivas. Un batallón del Hibernia fue capturado tras el desastre del Puente del Gévora (1811) y buena parte del Regimiento de Ultonia fue enviada prisionera a los depósitos del norte de Francia como consecuencia de la capitulación de Gerona de 1809, volviendo a suceder con las guarniciones rehechas de Tarragona y Figueras en 1811. Aunque su esfuerzo durante todo el periodo bélico fue grande y reconocido por la nación, adquiriendo sus unidades un gran prestigio, surge desde el primer momento un elemento que va a acabar determinando, años después, su extinción en aras de un patriotismo mal entendido. En el verano de 1808, en Asturias, el I Batallón del Hibernia se constituyó de nuevo como regimiento y pasó a denominarse «Infante don Carlos», como primera manifestación de un afán de eliminar todo carácter «extranjero» en olvido de la propia historia de España. Lo mismo ocurrió en octubre de ese mismo año con otro calificado de igual manera, el Nápoles, conocido desde entonces como «Voluntarios de Galicia»; anticipo de la culminación sin vuelta atrás que supondría el decreto de supresión de 1818. Pese a todo, los regimientos irlandeses sobrevivirán a la campaña como tales y
serán recompuestos una y otra vez. En Cataluña, incluso llega a producirse un fenómeno conservador y de sentido opuesto al asturiano: aunque la plana mayor, la oficialidad y la tropa del Ultonia desaparecen de golpe con la toma francesa de Gerona, se hace una recluta especial para recrear un solo batallón al que, conscientes de que solo un par de decenas de oficiales y soldados, salvados por hallarse destacados fuera, pertenecen al antiguo, hacen llamar, por algún tiempo: «Distinguidos de Ultonia», para volver luego a su primitiva denominación.


Tan importante como la aportación representada por las propias unidades en el combate, lo fue la de los mandos procedentes de ellas. Durante la guerra, habrá oficiales para todo que, promocionados, pasan a ostentar el mando de unidades mixtas o de divisiones. Harán rápida carrera muchos: Luis de Lacy, Santiago Wittingam, Felipe Keating, Enrique y José O’Donnell, Juan O’Donujú, Nicolás Mahy, Pedro Sarsfield, Juan Butler, Diego Clark, Juan Creagh, Carlos Guillermo Doyle, Alejandro y Joaquín O’Reilly, Félix Jones, etc. Otros, sin haber alcanzado el generalato pronto, como Blake o Carlos O’Donnell, no podrán aprovechar la oportunidad de la guerra por ser cogidos prisioneros, como Manuel O’Sullivan. Muy pocos pasarán a otras armas distintas de la Infantería: José O’Lawor sería reclamado para Artillería, y Luis de Lacy, Francisco Mahy, Juan O’Donujú y Epifanio y Francisco Conway para la Caballería. Gerona contaría con un excelente ingeniero, comandante de este cuerpo y sargento mayor del Ultonia: Guillermo Minaly. Su propio éxito les haría a casi todos trascender del mando de las unidades irlandesas, o de su adscripción a ellas, a la condición de oficiales generales de los ejércitos españoles.
Al comenzar la guerra de la Independencia, los coroneles de los respectivos regimientos están en sus primeros batallones con sus planas, como marca la Ordenanza. Las unidades están muy por debajo del pie establecido: Félix Jones manda el Irlanda, que cuenta con 583 plazas; Carlos Fitzgerald manda el Hibernia de 924 hombres y Antonio O´Kelly manda el Ultonia que dispone de 421 soldados. En el Regimiento de Irlanda, su I Batallón continúa acantonado en Olivenza, mientras que los otros dos están reunidos en el Puerto de Santa María, donde se teme un ataque inglés. Iniciada la reacción contra la usurpación francesa, en Andalucía se forma un ejército cuyo núcleo son las fuerzas del Campo de Gibraltar, al mando de Castaños. En la 1ª División del mismo, al mando del teniente general Teodoro Reding, se integran el II y III batallones del Irlanda. Su coronel, el ahora mariscal de campo Félix Jones, es elegido para mandar la 5ª División. Se decide, sin embargo, que el I Batallón, que acaba de llegar de Olivenza, ayude a formar el Ejército de Extremadura.
El 19 de julio de 1808 se produce la batalla de Bailén, para la que tres días antes el Irlanda ha ocupado unas estratégicas posiciones en Mengíbar, que son de gran utilidad, por lo que su nuevo coronel, Juan Nachten, sería muy alabado. Sin embargo, rendido Dupont y dudoso Vedel sobre si respetaría o no la rendición convenida, atacó a los batallones del Irlanda que, confiados en su victoria, descasaban desapercibidos en sus últimas posiciones, a ambas partes del camino de Bailén a La Carolina y dominando la altura de la ermita de San Cristóbal, destrozando uno de ellos y tomando muchos prisioneros que serían rápidamente liberados tras la rendición general.



La triunfante entrada en Madrid tiene lugar el 23 de agosto. Una nueva estructuración general confirma la separación de los batallones, asignando el II Batallón al nuevo Ejército del Centro, y los otros dos al de Extremadura. El II Batallón del Regimiento de Irlanda continúa su avance hacia el norte, pero el Ejército del Centro es derrotado en Tudela (23/XI/08), en buena parte por la indecisión del jefe de la división, Manuel de Lapeña, teniéndose que retirar hacia Cuenca. La retirada puede realizarse sin mayores problemas gracias al valor y sacrificio de la vanguardia en la que se encuadraba ahora el Batallón, en Briviesca, donde se consigue frenar a los perseguidores seis días después de la derrota. Las bajas sobrepasan un quinto de los efectivos; entre ellas se encuentra su sargento mayor Schelly. Formando parte de nuevo de la División de Reserva, participa en el combate
de Uclés (13/I/1809), desplegando, como vanguardia, a la derecha de la línea. Derrotado y disperso por el mariscal Víctor el Ejército del Centro de Venegas, se produjeron las circunstancias favorables para la reunificación del Regimiento.
Tras la ocupación de Madrid, los batallones I y III habían pasado al Ejército de Extremadura, con base en Sepúlveda y en apoyo del despliegue defensivo de Somosierra. Ante la superioridad de fuerzas enemigas había tenido que retirarse ordenadamente, el 30 de noviembre de 1808, de esta ciudad a Segovia y luego a Almaraz, cuyo puente habían destruido, estableciendo defensas en el Tajo para evitar la entrada enemiga en Extremadura. En febrero de 1809, tienen que abandonar estas posiciones al tiempo en que pasa el II Batallón al Ejército de Extremadura que manda ahora Gregorio
de la Cuesta, por lo que todo el Regimiento de Irlanda se integra en la 2ª División de Francisco Trías, donde ya militaban el I y III. Todo el Regimiento concurre a las batallas de Medellín (28/III/1809) y de Talavera (27-29/VII), pasando a Castilla la Vieja para intervenir en la acción de Medina del Campo (23/XI) y regresando después a Extremadura. Ante la derrota del Ejército del Centro y la invasión francesa de Andalucía, se produce una adaptación a las nuevas circunstancias. El I Batallón del Irlanda queda afecto a la 1ª División en la que permanece al crearse el V Ejército destinado a operar en Huelva.



Ante el riesgo que supone para Cádiz el avance del mariscal Víctor, el II y III de Irlanda embarcan en Ayamonte para participar en su defensa a principios de abril de 1810. Esta presencia, junto con la de otras unidades procedentes de los Ejércitos del Centro y Extremadura, será determinante para la defensa de Cádiz y de la Isla de León. En esta plaza y en su entorno permanecerán estos «irlandeses» durante los dos años de sitio, cuyas bajas son cubiertas al refundirse medio batallón del «Leales de Fernando VII» en el Regimiento de Irlanda en el mes de julio. A fin de apoyar a las fuerzas inglesas de Graham, se crea en Cádiz, en febrero de 1811, una división expedicionaria, al mando de Lapeña, que cuenta con el II y III de Irlanda, que se dirige por mar a Tarifa entablando ventajoso combate con el enemigo en Chiclana (5/III) que, sin embargo, no obtuvo los esperados resultados del levantamiento del bloqueo gaditano por las desavenencias entre los mandos español e inglés, pero en cuyos prolegómenos se cubrieron de gloria, tanto estos regimientos como el batallón mixto de cazadores seleccionado entre todas las unidades, el Irlanda incluido.
En la madrugada del día anterior a la batalla de Chiclana, se empezaron a mover los contendientes para adquirir las mejores posiciones. El pontón de barcazas del caño de Sancti Petri estaba especialmente protegido por tropas españolas, pero, atacado por sorpresa por los franceses, fueron enviadas fuerzas del Batallón de Órdenes, de Cazadores de Guardias y de Walones que fueron inmediatamente envueltas y parcialmente apresadas. José de Zayas, comandante de la división de la que formaban parte los «irlandeses» resume la actuación del Batallón de Cazadores:
«En situación tan crítica mandé á las Compañías de Cazadores de Irlanda que llevaban la cabeza del batallón de O´Dally que recuperasen el puente a toda costa. Nada puede ser comparable á la valentía y rapidez con que executaron el movimiento estos bizarros que a la bayoneta arrojaron a los enemigos de su ya ocupada posición sin darles lugar a realizar el objeto de su atrevida empresa.»26. Esta heroicidad obtuvo una gran publicidad, transmitiéndose a América. El periódico «El Lince» de La Habana comentó: «No debe callarse lo sucedido en la noche del dia 4 en que se cubrieron de gloria dos compañías del regimiento de Irlanda…».
De regreso en Cádiz, se produce un intercambio de fuerzas con el V Ejército. Este envía a la ciudad y su línea defensiva su 1ª División, en la que figura el I Batallón de Irlanda, y el II y III batallones de este Regimiento parten a Ayamonte encuadrados en la división Zayas, participando en la batalla de La Albuera (Badajoz) (16/V/1811) en el ejército anglo-hispano-portugués de Wellington. A los ocho regimientos de la División Zayas tocó resistir la ofensiva de dos divisiones de Soult sin ceder terreno hasta recibir refuerzos de Beresford, sufriendo un 30% de bajas. Como asegura Canga Argüelles, aunque este general inglés certificó en su parte que habían perdido la colina estratégica del campo, lo cierto es que se mantuvieron en ella desde el principio hasta el fin de la batalla, dominando las dos líneas, justificando su escudo de distinción: «Venció en Albuera».



En Cádiz vuelven a reunirse con el I Batallón, aunque en diferentes unidades orgánicas (el IV y el V Ejército), dependientes del teniente general marqués de Coupigny. Mientras que los batallones II y III (IV Ejército) participan de diversas salidas, el I Batallón (V Ejército) es enviado por mar como guarnición de Tarifa el 17 de septiembre, con parte de la División Copons, sucediéndose una serie de encuentros afortunados contra la división francesa de Somelé en la última quincena de agosto—Bornos, Villamartín, Jimena, Cumbres de Ubrique…— que culminan con una nueva acción sobre Bornos (5/XI), ocupando Vejer tres días después y Estepona (7/XII/1811).
Obligado el brigadier Copons a encerrarse en Tarifa, y sitiado por fuerzas muy superiores, el Batallón del Irlanda efectuó diversas salidas y, junto al «Cantabria», defendió con ardor las brechas practicadas en la muralla, lo que determinó a los franceses a levantar el sitio el 5 de enero de 1812,
coincidiendo con el de Cádiz. Para contribuir a resolver la grave situación en América, se había creado, por RO de 4 de octubre de ese año, un batallón compuesto por contingentes de diversas unidades: el «II Americano», al que había contribuido el Irlanda con personal y que se había puesto a las órdenes de Tomás O’Connelly, partiendo hacia las Antillas a principios de diciembre. Formado un cuerpo de maniobra a las órdenes del general Ballesteros para operar en el Campo de Gibraltar y la serranía de Ronda, en él se integran, tanto este I Batallón de Irlanda, como la división del príncipe de
Anglona con sus dos batallones irlandeses, llegados de Cádiz al efecto. Una vez reunido todo el Regimiento, se pone en práctica la RO de 8 de mayo de ese año por la que todos los regimientos se habían de reducir a un solo batallón fuerte de mil doscientas plazas. En la primavera de 1812 lleva a cabo diversas acciones menores desde su base en el Campo de Gibraltar, Osuna, Arola y Campillo, y participa con mucho brío en la batalla de Bornos (1/VI), que se pierde al flaquear otras unidades participantes. Combate en los puestos avanzados de la Serranía de Ronda —Jimena, Coín, Ardales— y, más tarde, en Zahara y Alozaín y en las zonas de Osuna y Málaga.
Formando ahora parte del III Ejército, y en una fase en que se intuye ya la victoria final, avanza por Granada hacia Valencia, atacando Cárcel y Ollería (13-26/IV/1813), tomando parte en los bloqueos de Tarragona y Tortosa y participando en la liberación de Pamplona, en octubre de ese
año, con el brillante William Parker Carroll como coronel".





http://www.defensa.gob.es/ceseden/Galerias/destacados/publicaciones/CuadernosHistoria/ficheros/01_PRESENCIA_IRLANDESA_EN_LA_MILICIA_ESPANOLA.pdf

jueves, 6 de noviembre de 2014

Más figuras del Ejercito Español de la Guerra de Independencia










Representan a las Reales Guardias Walonas, las figuras son de Falcata Miniaturas.

viernes, 26 de septiembre de 2014

El Ejercito Prusiano en la Campaña de los Cien Dias 2ª Parte




Quizás la principal conquista militar prusiana durante las  Guerras Napoleónicas fue el nacimiento de lo que más tarde evolucionaría hasta convertirse en el Estado Mayor del Ejercito alemán. Derrotada por el genio de Napoleón en la desastrosa campaña de 1806, una Prusia humillada hubo de empezar un largo camino para recuperar su estatus de gran potencia. Al no disponer de un genio militar propio con el que contrarrestar a su conquistador, el ejército prusiano dio vida a una institución, el Estado Mayor, donde a través del talento colectivo se lucharía para sacar de sus infortunios a una nación postrada. De este organismo partiría un programa de reformas de las fuerzas armadas que no solo devolvería a Prusia su antigua gloria, sino que, con el tiempo, modelaría la faz de la Alemania moderna y del conjunto de Europa.
Habitualmente se considera a Gerhard von Scharnhorst y Graf Neidhardt von Gneisenau los padres fundadores del Estado Mayor alemán.Sin embargo, se otorga al coronel von Massenbach, un noble suabo, el crédito de haber sido el primero en sugerir que lo que se conocía como Estado Mayor del Intendente General de Federico el Grande tenía que modernizarse de acuerdo con el desarrollo del arte de la guerra.
El período que discurrió entre el ascenso de Federico Guillermo III al trono de Prusia en 1797 y el inicio de las Guerras Napoleónicas en 1805 fue una etapa de debate abierto y de reformas liberales en Alemania. Los grandes cambios provocados por la Revolución Francesa en la guerra y la sociedad, y sus implicaciones futuras, se discutían sin resquemores en un gran número de publicaciones militares. Scharnhorst fue el editor de una de ellas y se ganó el respeto de personajes de tn diverso carácter como Blücher y Rüchel, un antiguo mando de la campaña de 1806.
A pesar de su ascendencia hanoveriana, la reputación como teórico de Scharnhorst le abrió de par en par las puertas de las fuerzas armadas prusianas y pronto fue asignado al Estado Mayor del Intendente General.
Se le encomendó la tarea de instruir a sus colegas y fundó una "Sociedad Militar" en Berlín, cuyas directrices pronto ganaron influencia entre la oficialidad, en hombres como el joven Karl von Clausewitz, Boyen -que años después, al frente del Ministerio de Guerra, introdujo la conscripción en Prusia-, y Grolman, posteriormente oficial de Estado Mayor de Blücher en Waterloo. De este modo, con su experto asesoramiento, fue concebido y desarrollado "el cerebro" del ejercito prusiano.


Fue durante la retirada de Auerstedt, en octubre de 1806, que el destino decidió la forma que adoptaría el Estado Mayor del Ejercito. Scharnhorst quedó separado del cuartel general real durante la confusión y se topó con Blücher, que intentaba cubrir la retirada de la artillería pesada. Ambos se conocían, así que el príncipe no dudó en incorporar a Scharnhorst como consejero para el resto de la campaña, una dura retirada hacia Lübeck, en la costa báltica.
La paz llegó el verano de 1807. Prusia, de rodillas ante un victorioso Napoleón, fue desmembrada y saqueada. Una sola consecuencia positiva trajo esta derrota: los reformistas llegaron a los más altos niveles, tanto en los asuntos políticos como en los militares. El barón von Stein, un destacado renovador y reconocido patriota, fue nombrado Ministro Principal del Estado y consideró que la figura más adecuada para dirigir la "Comisión de Reorganización Militar", un organismo habilitado tras la debacle para llevar a cabo las reformas del ejército y sus istituciones, era Scharnhorst. Le rodeó de personalidades afines como Gneisenau, Boyen y Grolman. Al asumir el cargo, Scharnhorst se convirtió, oficiosamente, en ministro de Guerra y Jefe de Estado Mayor del Ejército, en especial porque la dirección del Estado Mayor del Intendente General quedó vacante después de 1806.
El programa de Scharnhorst era preciso. Pretendía introducir el servicio militar universal -aunque ello no se llevaría a cabo hasta 1814, e incluso entonces no sin restricciones- y reorganizar el ejército en divisiones estables en todas las armas, incluso en tiempos de paz. Sin embargo, a causa de las restricciones impuestas al ejército prusiano por Bonaparte, dichas unidades redujeron su talla y fueron rediseñadas en forma de brigadas. Scharnhorst también creó un Estado Mayor formal, organizó un ministerio de la guerra al que el anterior quedaría subordinado, abrió el cuerpo de oficiales a todos los hombres con preparación y acabó con los castigos físicos. Mediante estas reformas alimentó una corriente liberal-democrática, una apetencia de que los cambios no se limitasen a una única institución del Estado, el Ejército, sino al conjunto del mismo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ejercito Español 1808

Como ya dije en un principio no solo sería un blog monotemático dedicado al ejercito prusiano, sino que en él tendrían cabida los ejercitos de los demás países participantes en los múltiples conflictos del periodo napoleónico. En este caso pongo algunas fotos de mis figuras, pertenecientes al ejercito español al comienzo de la invasión francesa de la península. Un ejercito de la época ,bajo mi opinión, injustamente denostado. Eclipsado por la creencia generalizada en España de que la Guerra de Independencia fué prácticamente ganada por la guerrilla y en Inglaterra únicamente por Lord Wellington y su ejercito, relegando a los ejercitos regulares españoles a un segundo plano, siendo el gran olvidado de la historia de las guerras napoleónicas. Como dijo el General Girón:
"Descuidada, si no, vilipendiada la carrera militar, olvidado el Ejército, sin instrucción su Oficialidad, falto de un estado mayor activo e inteligente, incapaces los Generales, sin escuela, ni medios para estudiar su profesión; sin entusiasmo ni amor a su oficio, el soldado: ¿qué podrían dar de sí sino desgracias y derrotas, lo que por mucho tiempo dieron? Todos sabíamos esto, pero era preciso pelear para aprender a vencer y empezar a ser vencidos para salvar a nuestro país...."
Todavía es difícil encontrar marcas que tengan referencias del ejercito español de la época en 20mm o 1/72. En los últimos años Falcata, la desaparecida Napoleón Miniatures y ultimamente Hät parece que están cubriendo ese hueco.






Las figuras representan al Regimiento de la Princesa que en la Guerra de Independencia vistió el uniforme azul con divisa negra de 1802, ya que no llegó a recibir el uniforme blanco con distintivo violeta de 1805. Son de la marca Falcata, de su  Infanteria de Linea y Granaderos.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

2º Regimiento Landwehr de Silesia

 
Aquí unas fotos de mi regimiento Landwehr de Silesia.

lunes, 1 de octubre de 2012

Recreación Histórica: Bicentenario Borodino 1812-2012


Bonitas fotos de la recreación de la batalla de Borodino.





 
 

 
 

sábado, 22 de septiembre de 2012

¡Vorwärts!










Nuevas fotos de esa tarde de Agosto.